Aleluyas del Lazarillo de Tormes
Tratado 2ª Lázaro con un clérigo marchó, faenando para él pronto se arrepintió. Escondía el pan el avaricioso en un arca tan grande como un oso. Muerto de hambre andaba que una cebolla cuatro días le duraba. Mientras él comía en abundancia los huesos a Lázaro le daba. Cada día más débil y muerto por la casa andaba porque nada manjaba. En misa pendiente del cestillo siempre estaba por si Lázaro la mano echaba. Los entierros la vida le daban porque de ricos manjares disfrutaba. Un día un calderero una llave le dejó y con ella el arca abrió. Lázaro un tiempo la barriga llenó y fuerzas cogió y su hambre calmó. El clérigo creyendo que eran ratones llenó el arca de tablones, pero ninguno con cepos cogió y en una serpiente pensó. Creyendo oírla sisear a la cama de Lázaro marchó y en la boca la llave encontró. Tal estacazo en la cabeza le dio que medio muerto le quedó y de su casa le echó.
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